Anya Belyaevskaya llegó a KOIK Contemporary en la Ciudad de México tras un trayecto que comenzó en Rusia y pasó por Canadá. En su residencia en el espacio Anya Belyaevskaya desarmó el trabajo que llevaba haciendo y apostó por la abstracción conceptual. Anya Belyaevskaya dejó atrás las certezas de su producción anterior y empezó a ensayar con nuevos caminos pictóricos.
Anya en los estudios de KOIK durante su residencia.
Desde antes de llegar Anya Belyaevskaya ya utilizaba placas de plexiglás y materiales con transparencias, pero aquí Anya Belyaevskaya llevó esa técnica a otro nivel. El soporte dejó de ser el lienzo tradicional y se convirtió en una superficie translúcida donde la pintura deja pasar la luz del estudio. En esas placas el óleo se acumula, chorrea o se desvanece de formas imprevisibles. 
El montaje de la exposición se pensó como una instalación que ocupara todo el lugar. Cubrimos las paredes con una tela blanca y continua. Del techo negro colgamos hilos delgados y casi invisibles que sostenían los paneles de plexiglás a distintas alturas, creando una especie de bosque flotante.
Elegimos un orden muy específico para colocar la obra. Al frente ubicamos las piezas más abstractas, hechas de manchas densas, texturas y vacíos. Justo detrás pusimos las piezas figurativas, donde todavía aparecían rostros y siluetas humanas. Así, al caminar frente a las piezas, el espectador veía las dos etapas simultáneamente: la figura del pasado y la abstracción del presente se sobreponían físicamente. Las transparencias del material hacían que los retratos se mezclaran con las manchas abstractas del fondo, mostrando el proceso exacto del cambio de Anya Belyaevskaya.​​​​​​​
RESULTADO FINAL DE LA EXPOSICIÓN DE ANYA EN KOIK
Para la inauguración queríamos que la exposición tuviera vida y no fuera solo un conjunto de cuadros colgados. Invitamos a la bailarina Lizeth Rosano y al artista sonoro Francisco Lozano para hacer una colaboración en vivo. Lizeth Rosano recorrió el espacio descalza, con una camisa oscura, moviéndose entre los hilos y las piezas flotantes. El cuerpo de Lizeth Rosano pasaba justo detrás de los paneles de plexiglás, de modo que la pintura y la carne se volvían una sola imagen. Mientras tanto Francisco Lozano controlaba el equipo de sonido de Francisco Lozano desde una esquina de la sala, llenando el lugar con música generada al momento. Las sombras proyectadas en la tela blanca se movían al ritmo de la danza y el sonido, convirtiendo la exposición en una experiencia total que duró lo que duró la noche.
DURANTE LA ACTIVACIÓN DE LA EXPOSICIÓN DE ANYA POR LIZETH ROSANO Y FRANCISCO LOZANO

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