Artistx Anya Belyaevskaya
Curaduria y texto Lesdavag
Curaduria y texto Lesdavag
Las pinturas de Anya Belyaenskaya no descansan contra la pared. Está suspendido, sujeto por hilos invisibles en medio del aire, y el óleo pintado sobre su superficie deja que la luz lo atraviese por completo. Las obras caen directo sobre los muros blancos del lugar, convirtiendo el espacio en un juego físico de transparencias y recortes.
Al entrar a la primera sala, las piezas operan casi como células sueltas. Son fragmentos de una identidad que se desarma y se vuelve a armar a golpes de memoria, reflejando los distintos países que Belyaevskaya ha habitado. Nada está fijo; cada panel funciona como una partícula de un cuerpo que intenta reconstruir su propio contexto desde cero.
Esa escala cambia al pasar al segundo espacio. Los rastros individuales se ensanchan hasta volverse ecosistemas, mapas y cordilleras que dibujan la superficie de la tierra. Aquí el foco se desplaza hacia las identidades colectivas. La migración, ya sea por necesidad o por simple placer, aparece como el motor que nos atraviesa y nos conecta a todos. Las capas de pintura se superponen al fondo de la sala, mostrando que las historias de los demás siempre se cruzan con la nuestra.
El recorrido remata en la tercera sala con tres cilindros colgados que gotean sin parar. Tienen luces adentro que cruzan las paredes de acrílico y proyectan figuras humanas hacia el techo. La arquitectura entera se convierte en un cielo en movimiento. Es un universo flotante donde las trayectorias de una especie migrante coinciden en el mismo espacio.