Artistxs Centrum för Social Skulptur
Curaduría Lesdavag y Eugenia Ledezma
texto Juan López
Curaduría Lesdavag y Eugenia Ledezma
texto Juan López
Cuando un ____ se encuentra con un ____
Centrum för Social Skulptur
Entre los extremos del día, las obras de Andy Allen-Olivar, Tuva Björk, Rasmus Richter, Olga Krüssenberg, miembros del Colectivo de Escultura Social, plantean una búsqueda a medio camino entre entender las estructuras que determinan nuestra vida cotidiana y observar el paciente camino de sobrevivencia de seres y cosas, evidente en sus cruces y fracturas. No se trata de asumir una relación de causa y efecto, sino de comprometer el pensamiento a lo colectivo: una disciplina artística vinculada a la científica, doble espiral en ascenso por el ADN de la arquitectura social.
Su obra pareciera desprenderse de la mirada sorprendida o de la piel pellizcada, por razones diferentes en cada caso, ya sea por la naturaleza del objeto, por su relación con el resto, por su mutismo o por su anacronismo. La aparente sorpresa, es decir, la sorpresa cutánea,revela una llamada interior, un latido ininterrumpido entre lo observado y quien observa, imantado por una atracción mutua e incierta.
Como ejemplo, la obsidiana. Gracias a su estructura química, la obsidiana simbolizaba dentro de las culturas mesoamericanas el tiempo cíclico: coexistencia de tiempos. Puesto que no se trata de un mineral, sino de un vidrio que nace del magma volcánico, la obsidiana reflejaba las imágenes y su transparencia revelaba la esencia de las personas; ambas propiedades de Huitzilopochtli, “el espejo que humea”, encarnación del cielo nocturno, dios de la providencia, que posee la facultad de estar en todas partes y de entender todos los asuntos humanos. Parte de estas ideas reviven en la obra de Andy Allen-Olivar (Bogotá, 1995), un conjunto de piezas irregulares de obsidiana que, antes de ser ensambladas como vitral, fueron recolectadas siguiendo la investigación del artista alrededor de la taxonomía y su modo de plegar, aplastar o machucar sus objetos de estudio, con el fin de examinarlos.
Por igual, el agua: corriente marítima, alguna vez; pluvial, otra; entubada en las ciudades; en garrafones y embotellada para beber, el agua se ha convertido en una herramienta para estructurar y dar forma a nuestras sociedades, o más precisamente, un mecanismo de subordinación a las capitales que controlan su distribución. Tuva Björk (Helsinki, 1994)documenta algunos ciclos del agua en la Ciudad de México: el surtidor ya no es un pozo, ni un manantial, sino una bomba de agua para trapear y lavar la ropa, o un hombre que, de piso en piso, sube y baja varios garrafones sobre su espalda. El holograma, como vista y pensamiento de peces y ajolotes detrás de la pecera, proyecta esta vida del agua como si fuera el recuerdo de un mundo perdido por escases de agua o solo el viento profético que precede a las lluvias.
En este diálogo, Olga Krüssenberg (1995, Estocolmo), sujeta la vivencia al encuentro, contiene el fluir de la creación en el vaso de la fortuna, una forma de vida que condiciona el mecanismo de composición, al encuentro en suspenso. Dos encuentros, en este caso: el encuentro con unas águilas sobrevolando elípticamente los cielos de la Marquesa y el encuentro con un hombre que vende cucharas en La Lagunilla. La narración circular de una imagen partida en tres y de un letrero luminoso, atrapa esos cruces. A partir esos nudos temporales, las sensaciones parecieran correr en sentido contrario: la imagen, el sonido y su lectura parecieran volver a su origen, mientras el mundo, impulsado por las horas, avanza como de costumbre. “El viento regresa para recordar las cosas que vienen después”, abrevia Olga.
Por el otro lado, suenan las raíces quebrando permanentemente las banquetas y el pavimento, un retrato en obra o una película súper lenta para los peatones de esta ciudad, conscientes de que años atrás la calle no estaba así y de que en el futuro las grietas y las raíces seguirán creciendo. En sus esculturas, Rasmus Richter (1997, Estocolmo)reflexiona sobre el futuro prefigurado en el ajuste, reajuste o desajuste constante entre cosas y seres, cuya supervivencia depende de la disonancia con el proyecto pasado frente aalguna armonía posible en el futuro. Un ensamble de espirales, ramas y hojas, formas orgánicas en metal y luces nos advierten que las consonancias y las correspondencias nos rescatan de la nada.